Desde la izda.: Miriam Paz Montoya, Martyna Borkowska, Matthew Pérez, Chung-Yao Wei y Sofía García. / CNIO.
Cinco estudiantes de Taiwán, Polonia, Estados Unidos y España han participado en la XIV edición del programa de prácticas de verano del CNIO
Durante ocho semanas, han conocido el trabajo del centro y desarrollado sus propios experimentos
Se recibió una cifra récord de más de 3.000 solicitudes
La formación de jóvenes científicas y científicos es uno de los compromisos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Cuanto antes entren en contacto con la realidad de la investigación, mejor. El Programa de Prácticas de Verano, que acaba de cerrar su XIV edición, se dirige a estudiantes en el último curso de una carrera de la rama biomédica.
Cinco estudiantes de Taiwán, Estados Unidos, Polonia y España fueron seleccionados entre 378 candidaturas elegibles de las más de 3.000 solicitudes recibidas de todo el mundo –una cifra récord en este programa–. Acaban de pasar ocho semanas en el centro, cada uno adscrito a un grupo de su elección. Durante ese tiempo han podido conocer los proyectos del grupo y realizar una tarea científica individual.
Además, el programa “incluye charlas y está diseñado para que puedan descubrir qué es el CNIO, cuál es la actividad de todas las unidades, y por qué estamos en el top ten”, afirma Marisol Soengas, decana de Asuntos Académicos del centro. La investigadora destaca que “el alto nivel de formación y la visión propia que aportan estos y estas estudiantes, elegidos en un proceso muy competitivo, supone también un enriquecimiento para quienes trabajamos con ellos”.

Aprender con apoyo e independencia
Miriam Paz Montoya (España) ha compartido estancia en el Grupo de Interacciones Metabólicas, dirigido por Guadalupe Sabio, con Martyna Borkowska (Polonia), quien lo eligió “dar continuidad a los estudios sobre el hígado, que había iniciado en un laboratorio anterior”.
Sofía Ismerai García Romero (España) destaca que en la Unidad de Citometría de Flujo, dirigida por Lola Martínez,: “he tenido mucha ayuda siempre que la he necesitado, pero he podido diseñar mi propio experimento y trabajar con independencia. Eso me ha permitido sentirme más cómoda con mis habilidades y con mi forma de adaptarme”.
Matthew Pérez (Estados Unidos) había hecho prácticas en hospitales, “muy involucrado con los pacientes y los tratamientos clínicos. Ahora quería obtener experiencia en el otro lado, la investigación para detectar enfermedades y prevenirlas”. La ha buscado en la Unidad de Proteómica, liderada por Marta Isasa, “que trabajó conmigo permanente para ayudarme a adquirir por primera vez habilidades de laboratorio”, afirma.

Comparar experiencias y forjar relaciones
Chung-Yao Wei (Taiwán) se interesó por las roturas de ADN a raíz de un trabajo en su universidad. “Quería profundizar en las técnicas utilizadas, comparé todos los laboratorios de aquí y me decidí por el Grupo de Topología y Roturas de ADN, dirigido por Felipe Cortés”. La estudiante agradece “la sencillez con que introducían conceptos con los que no estábamos familiarizados los investigadores e investigadoras principales de otros grupos que nos explicaban su trabajo en los seminarios de los martes”, y también la oportunidad de conocer “el recorrido profesional de otras personas y las decisiones que han tomado en él”.
Todos coinciden en haber disfrutado el buen ambiente y la interacción entre los distintos grupos y departamentos, para trabajar, “pero también en momentos, como los desayunos, en los que se disfruta de conversaciones, sobre ciencia o no, y se puede conocer a los demás y construir relaciones”, especifica Pérez, y añade: “es algo que seguro que voy a perder al volver a casa”.
Wei lo corrobora e insiste en trasladar a sus compañeros y compañeras de laboratorio que “son todos muy majos y amables, y los quiero”, y añade, con una risa pícara: “Me han dicho que iban a leer esto”.