El cáncer es conjunto de patologías de carácter genético y elevada complejidad, que se caracterizan por la proliferación anormal de células con capacidad para invadir órganos y tejidos vitales y diseminarse a distancia.
La palabra cáncer se refiere, por tanto, a un conjunto de enfermedades cuyo número se sitúa, alrededor de ciento cincuenta, que implican la transformación, multiplicación o el crecimiento anormal de células. En España fallecieron 94.300 personas por el cáncer en el año 2002: 59.200 hombres y 35.100 mujeres. El cáncer es la primera causa de mortalidad en varones en nuestro país, con una tasa de 30,9 % de las defunciones, frente al 29,4 % por enfermedades cardiovasculares. En mujeres la primera causa de mortalidad son las enfermedades cardiovasculares con una tasa de 39,2% de las defunciones, y en segundo lugar el cáncer, con un 20,1% del total. El 31% de los hombres y el 20% de las mujeres que fallecen en España lo hacen por un cáncer, o lo que es lo mismo: uno de cada tres hombres y una de cada cinco mujeres mueren por un cáncer.
Pese a la crudeza de los datos estadísticos, se debe subrayar que la lucha contra el cáncer, a través de investigación científica, llevada a cabo durante los últimos años ha permitido elevar la esperanza de curación a niveles próximos al cincuenta por ciento. En la actualidad, por tanto, el cáncer agrupa enfermedades que tienen un pronóstico favorable con otras cuya esperanza de curación habrá de llegar en un futuro. La investigación, en ambos casos, juega o ha jugado un papel crucial; ya que su curación depende de los conocimientos, que traducidos a medicamentos, tecnologías diagnósticas, y mejores prácticas médicas, se pongan a disposición de los profesionales de la medicina.
La investigación científica tiene un papel de gran relevancia para todas aquellas patologías oncológicas con un pronóstico poco optimista hoy. La posibilidad de contar, en el futuro, con un remedio para ellas pasa por saber más del origen y de la evolución de los mecanismos biológicos que las provocan. La lucha contra el cáncer en tales casos, por tanto, sólo puede basarse en la investigación científica, ya que es el único camino para dotar de nuevas terapias a los cánceres que hoy no tienen curación, debido a la dificultad de coordinar los diferentes conocimientos y técnicas necesarios para abordar la solución a unas enfermedades de gran complejidad.
Los poderes públicos procuran garantizar por un lado el mejor tratamiento oncológico y por otro ayudar al desarrollo de la investigación científica. La asistencia sanitaria tiene una importancia evidente y la atención que a ella prestan es de primer orden, sin embargo, las ayudas a la investigación científica que se canalizan a través de los programas nacionales e internacionales no son suficientes para que podamos plantear respuestas realistas contra el cáncer en un plazo razonable.
La esperanza sólo es posible si conseguimos transmitir, también a la sociedad, la importancia que tiene avanzar en el conocimiento, y el valor de descubrir factores relevantes, que implique llegar primero a la explicación de sucesos biológicos hasta entonces indescifrables.
El CNIO se constituyó formalmente en 1998 y tras 6 años de actividad científica se ha convertido en un centro de referencia mundial en la lucha contra el cáncer, a través de la investigación científica.
El centro se gestiona a través de un modelo fundacional. La Intervención General de la Administración General del Estado y el Tribunal de Cuentas auditan anualmente sus cuentas. El plantilla la forman científicos, técnicos y administrativos contratados laborales, no funcionarios, que deben superar evaluaciones periódicas de calidad, y que son seleccionados bajo criterios de excelencia y respetando los principios de publicidad, concurrencia y mérito. El centro no destina recursos a programas y acciones que puede ser objeto de financiación acudiendo a convocatorias públicas o ayudas procedentes de sus donantes o mecenas.
El objetivo último del CNIO es trasladar lo más rápidamente posible los descubrimientos científicos a la práctica clínica en forma de nuevos métodos de prevención, diagnóstico y tratamiento para que los enfermos de cáncer puedan beneficiarse de todos los avances que se produzcan en este campo cuanto antes.
Desde el descubrimiento del primer gen implicado en desarrollo del cáncer por el Dr. Barbacid, Director del CNIO, la ciencia básica ha permitido ir desentrañando los mecanismos de la enfermedad, la historia natural del proceso. Ha sido sobre todo un proceso intelectual, de comprensión y contextualización, y hasta muy recientemente con poca aplicación práctica.
Pero esta situación ha empezado a cambiar y debemos esperar, en los próximos años, el desarrollo de nuevos tratamientos unívocamente hacia dianas moleculares específicas, que nos permita imaginar un mañana en que el cáncer pueda ser controlado desde reconocimiento de su complejidad y heterogeneidad… por eso, nos atrevemos a pedir que sumes tu esfuerzo al de aquéllos que ya nos ayudan a conseguirlo.